ENTREVISTAS
ATENCIÓN PERSONALIZADA PARA BAJAR DE PESO
Nació en La Rioja, estudió medicina en Córdoba, se recibió a los 22 años y luego viajó a San Pablo para hacer allí su especialidad en endocrinología. De allí volvió casada con uno de sus profesores. Después de trece años de trabajar contra la obesidad, abrió un Centro en Buenos Aires.
La doctora María Isabel Siman Menem nos cuenta algunas claves del tratamiento que hace cambiar el metabolismo para perder kilos y no volver a engordar.
A pocos meses de su inauguración, el Centro Internacional de Investigación en Obesidad y Endocrinopatía cuenta con el insustituible apoyo que da el comentario boca a boca sobre los resultados obtenidos por su exclusivo tratamiento.
"Una paciente que pierde varios kilos y no los recupera más es más efectiva que cualquier publicidad", sostiene la doctora María Isabel Siman Menem, directora del establecimiento.
El Centro, ubicado en Billinghurst 1187 de esta Capital, está delicadamente decorado en tonos rosados, con cuadros en exposición que contrarrestan la sensación de encierro que suelen tener los pacientes obesos. De la misma manera, el despacho de la doctora Siman responde a las características del tratamiento: para que la (o el) paciente se sienta más cómoda, no hay un escritorio que la separe de la profesional, lo que permite un mayor "acercamiento" entre ambos.
Joven y atractiva, la doctora Siman no usa guardapolvo ni chaquetilla de médico. Una elegante blusa negra con aplicaciones de perlas y un palazzo a rayas conforman su vestuario, aunque aclara que "generalmente uso trajecitos. El look ayuda a que el trato sea de igual a igual", explica María Isabel. Cada detalle está pensado para que el paciente no se sienta como tal.
"El tratamiento no lo inventamos nosotros, sino un argentino que está radicado en Brasil, el doctor Luis Gonzaga Fontana, que toma la obesidad como un concepto distinto", afirma la doctora Siman.
"Y lo diferenciador del tratamiento consiste en que, a través de un cambio en el sistema metabólico, le asegura al paciente que los kilos bajados no se recuperan después. El pilar fundamental es el diagnóstico. La obesidad no reconoce una causa única, a veces se origina por problemas psicológicos, otras por cuestiones exclusivamente alimentarias o por factores hereditarios. No quiere decir que los hijos de obesos sean siempre gordos, sino que tienen muchas más posibilidades de serlo. Entonces, es fundamental determinar primero un diagnóstico preciso mediante un extenso examen físico para saber cómo está el paciente, independientemente del sobrepeso", define la directora del Centro.
"Es un tratamiento con rigor científico, con un enfoque global de los trastornos metabólicos que determinan la preobesidad, la obesidad declarada y colaterales como la celulitis, la flaccidez, etc. Tratamos de cambiar al individuo de adentro hacia afuera, en todos los aspectos.
Los trastornos son tratados de acuerdo a las causas que los originan y los resultados son claramente visibles. El eje está puesto en la endocrinología clínica, y, a diferencia de muchas 'dietas mágicas', no hay un sistema único para todos, sino que se trata de un tratamiento personalizado", explica la doctora, especializada en endocrinología en la Universidad de San Pablo (Brasil).
"Lo fundamental es corregir los malos hábitos. Muchos se sorprenden porque les hacemos comer más veces al día y más cantidad de lo que acostumbraban. La comida debe estar fraccionada en cinco ingestas básicas, con una cantidad mínima.
Durante la primera etapa se trata de cambiar el metabolismo, en la segunda se estabiliza (etapa de mantenimiento) y luego se da el alta, porque la idea no es estar toda la vida en tratamiento, sino que éste sea un tratamiento para toda la vida", agrega la doctora Siman Menem, sobrina del presidente de la República, con su acento riojano.
Casada con quien fuera su profesor en San Pablo, María Isabel es madre de dos hijos, Luisinho (10) y André (5).
"Trato de ser una madre mitad moderna y mitad antigua", sostiene Siman Menem.
Acerca de su pariente famoso, afirma:
"Cada vez que lo cruzo, me trata exactamente igual que cuando era simplemente un tío. En ese sentido no ha cambiado. Para mí sigue siendo 'el tío Carlos'. Eso sí, lo admiro mucho.
Si hay una cualidad que admiro, ya sea en un hombre o una mujer, es la inteligencia. Y él es sumamente inteligente. Además, forma parte de un reducido grupo de políticos que se ha preparado para serlo. Por eso es hoy lo que es", concluye con inocultable orgullo.
Diana Rodríguez
REPORTAJE
Entrevista con la doctora María Isabel Simán Menem
Texto: Mónica Dombrover
Fotos: Daniel González
La endocrinología es una rama de la medicina que analiza y trata los trastornos de las glándulas en general y del metabolismo en particular. La doctora María Isabel Simán Menem, egresada de la Universidad de Córdoba, es especialista en endocrinología clínica general y en estudios específicos del metabolismo.
Simán Menem dirige el Centro Internacional de Investigaciones en Obesidad y Endocrinopatías (Ciiobe), y sus tratamientos giran en torno a las dietas metabólicas que conforman un método de alimentación sano y correctivo, más allá de su función para combatir la obesidad. Los alimentos naturales constituyen una base esencial de este tipo de alimentación, muy similar a la dieta mediterránea. Es por ello que el aceite de oliva es recomendado como herramienta de prevención para determinadas patologías como la diabetes, la gota, la obesidad y los trastornos endémicos.
En su consultorio, ubicado en plena avenida Alvear, a pocos pasos del majestuoso Alvear Palace Hotel, la doctora Simán Menem respondió con sencillez y de manera didáctica las preguntas formuladas por Arauco Gourmet y subrayó la importancia de difundir abiertamente los beneficios que el consumo del aceite de oliva genera en el organismo.
¿Cuáles serían los hábitos alimentarios básicos que deberían estimularse para prevenir enfermedades?
Los característicos de las dietas balanceadas. En Ciiobe aconsejamos a los pacientes que coman varias veces al día y que disminuyan el consumo de hidratos de carbono como el azúcar; de esta manera, dejamos afuera los hidratos de carbono y empiezan a ganar espacio las grasas, pero reduciendo las animales y aumentando las vegetales.
¿De qué manera se relaciona el aceite de oliva con los tratamientos que propone a sus pacientes?
En primer lugar, quiero recalcar que el consumo de aceite de oliva es un consejo médico pero también práctico para cualquier persona, independientemente de los problemas de salud y más allá de si sus trastornos se relacionan con cuestiones metabólicas. Consumir aceite de oliva o cualquier producto del olivo es prevenir muchas patologías.
El aceite de oliva forma parte de las grasas vegetales que tienen, por gramo, las mismas calorías que cualquier otra grasa pero que gozan de muchas virtudes que no es posible encontrar en las grasas animales. Por eso la gente debe tener en claro que el consumo de aceite de oliva debe ser diario, y no esporádico, ya que aporta al organismo una serie de vitaminas como la A, D, K y E, que resultan esenciales para el organismo.
¿Podría mencionar algunas ventajas concretas del aceite de oliva?
Una evidencia práctica se da en la piel: la gente de las regiones donde es habitual el consumo de aceite de oliva tiene un cutis privilegiado, y en los países de la cuenca del Mediterráneo y la zona sur de Europa ocurre lo mismo. Además, si lo pensamos en términos hormonales, lo necesitamos sí o sí porque muchas hormonas se forman a partir de las grasas. En cuanto al aparato digestivo, también sabemos que es una herramienta esencial.
Por otra parte, el aceite de oliva aporta elementos vitales para evitar patologías cardiovasculares; el colesterol malo o LDL es una grasa liviana que se pega en las paredes de las arterias, y el HDL o colesterol bueno es un tipo de grasa que transporta el LDL hasta el hígado para que sea eliminado. El aceite de oliva aporta colesterol bueno.
Otro ejemplo práctico de este tipo de alimentación es que en países como España, Francia e Italia los habitantes, como regla general, no son gordos y poseen una excepcional longevidad. Esto es más notable si lo comparamos con los estadounidenses, que gastan fortunas en salud y en estudios para disminuir el riesgo cardíaco y las muertes por enfermedades cardiovasculares, y aun así, siempre llegan al mismo punto, que tiene que ver, entre otras cosas y esencialmente, con la mala alimentación.
¿Qué habría que hacer para aumentar el consumo de aceite de oliva?
En primer lugar, desmitificar las falsas ideas según las cuales el aceite de oliva es pesado y engorda. Habría que aprovechar la enorme variedad de aceites de oliva, que da la posibilidad de adaptarse a distintos paladares. Sería realmente importante hacer pedagogía con este tema y acostumbrar a los niños a su consumo.
Si por la situación actual no se puede utilizar para la cocina, por lo menos debería ser un elemento infaltable en la mesa. Esta, creo yo, sería una buena estrategia para empezar a introducir el hábito del consumo.
En Ciobe enseñamos a comer. Los pacientes se sorprenden cuando, lejos de prohibirlo, les recomendamos el aceite de oliva en la dieta. Hay que enseñarles que, si bien no adelgaza, entre las opciones de grasas que el organismo necesita, el aceite de oliva es la mejor. En comparación con los demás aceites naturales, el de oliva está primero, más aún si se tiene en cuenta que es un producto antioxidante, es decir, que su consumo disminuye el porcentaje del proceso oxidativo normal de las células que tienen que ver con el envejecimiento.
Al recomendar el aceite de oliva, ¿les especifica algún tipo o marca determinada?
No. Con respecto a marcas, en general no lo hago ni con los medicamentos; tampoco la variedad de aceite de oliva, porque tratamos de que, por lo menos, lo empiecen a consumir. De todos modos, cada vez cuesta menos introducir a la gente en su consumo. Algunos pacientes están medianamente informados, pero cuando no es así, tratamos de que entiendan cuáles son los principios de una dieta metabólica.
Si, por ejemplo, nunca hicieron gimnasia, intentamos que empiecen a caminar y más adelante se verá la posibilidad de hacer gimnasia. Con respecto al aceite de oliva, lo único que decimos es que elijan el más suave. El objetivo es convertir su consumo en hábito porque es, fundamentalmente, preventivo.
Si el paciente ya tiene una patología y hay que bajarle el nivel de grasas, como ocurre con los pacientes con infartos que los cardiólogos derivaron para reducir su peso, o con las personas con colesterol alto, nosotros tratamos de disminuir las grasas pero no podemos suprimirlas; entonces les explicamos que el aceite de oliva no solo no les va a empeorar su patología, sino que, por el contrario, los va a beneficiar.
Este argumento está avalado por estudios científicos realizados en varias partes del mundo.
¿Por qué cree usted que la gente es reticente a consumir aceite de oliva?
En primer lugar, se debe al mito que acusa al aceite de oliva de ser pesado. Además, nunca fue un producto muy consumido en la Argentina, lo cual es paradójico y absurdo porque nuestro país es un gran productor y, encima, exportador importante.
Por otro lado, comparado con otros aceites, nunca fue barato. En los últimos tiempos, en función de la gran oferta, el tema del precio había mejorado, pero a raíz de la crisis actual, esto no ocurre hoy. Es muy doloroso ver la poca variedad que hay en las góndolas.
En síntesis, creo que su consumo poco difundido se relaciona fundamentalmente con lo económico, con el mito y, por sobre todas las cosas, con la falta de información. Por eso los que estamos de este lado tenemos que empezar a explicar y demostrar sus virtudes, como lo hacen los especialistas de las sociedades mundiales de metabolismo, de obesidad y de cardiología.
A través de su experiencia en el consultorio, ¿nota cambios en la aceptación del aceite de oliva por parte de los pacientes?
Sí, actualmente la reticencia de la gente es menor porque comenzó a difundirse un poco más de información y, además, muchos estudios científicos avalaron en este último tiempo las propiedades saludables que provoca en el organismo el consumo de este producto tan natural.
¿Se tienen en cuenta las ventajas nutritivas del olivo en los planes de estudio de la carrera de medicina?
Desgraciadamente, no. Durante la carrera, uno podía investigar o deducir que algunas cosas no cerraban: por ejemplo, ¿cómo iba a ser malo el aceite de oliva si tiene características que previenen enfermedades? Esto, desde la formación, no estaba. Actualmente, de a poco, la situación está cambiando; antes no se hablaba del aceite de oliva y, además, por su precio, formaba parte de los alimentos para cierto nivel económico privilegiado.
Cuando uno como profesional interviene en áreas sociales —en las que he participado por temas vinculados con el sector de alimentación—, se percibe claramente que estos son los grandes capítulos que falta resolver. Cuando se hace un plan o proyecto para recuperar un área social baja desde el punto de vista de la alimentación, no se piensa en el aceite de oliva; a nadie se le ocurre discutir con los fabricantes o proveedores para conseguir los alimentos a buen precio, lo que posibilitaría no solo conseguir productos baratos sino también aquellos que producen efectos buenos en nuestra salud.
Hay que ir trabajando y cambiando la mentalidad. Este no es un problema exclusivo de nuestro país, ya que lo he percibido también en intervenciones que tuve en el exterior.
¿Su postura con respecto al aceite de oliva es la misma que la de sus colegas?
Hay gente que está muy a la vanguardia y y otros que tienen cierta reticencia al cambio. Yo creo que no recomendar el aceite de oliva se relaciona con la falta de costumbre, porque, más allá de la información actualizada que hay, basta estudiar y averiguar un poco para conocer sus ventajas.
Teniendo en cuenta los beneficios nutritivos del aceite de oliva que lo transforman en una herramienta ideal para prevenir ciertas enfermedades, ¿por qué tiene tan poca difusión en la Argentina?
Yo creo que gran parte de la culpa recae en quienes manejan el negocio. En otros mercados se han preocupado para que las grandes instituciones investiguen. Quienes están detrás del olivo deberían difundir las cualidades de los productos porque, más allá del negocio económico que implica para productores y vendedores, dar a conocer sus ventajas redunda en un beneficio para la población; es promover la prevención.
En países de avanzada, el aceite de oliva constituye una parte fundamental de la dieta diaria porque los gobiernos son conscientes de sus ventajas y cuidan a su población. La gente que está en este rubro debería preocuparse por difundir los beneficios a través de médicos, especialistas, folletos o revistas.
Falta que quienes estamos del otro lado hagamos trabajos o pasemos información para que la gente consuma en forma masiva algo que le va a redituar en salud. Hay un bache que espero se pueda llenar con el tiempo.
Creo que los órganos y medios de difusión del aceite de oliva serán de gran importancia y desempeñarán una muy buena tarea, más si se tiene en cuenta el ejemplo de otros buenos alimentos que han ganado terreno debido a los exitosos resultados obtenidos a través de la pedagogía y del trabajo sistémico comenzado hace años.
SOBREPESO Y OBESIDAD
La doctora María Isabel Siman Menem, directora del Centro Internacional de Investigaciones en Obesidad y Endocrinopatía (CIOBE), nos orienta acerca de cómo combatir estos angustiantes estados del cuerpo humano.
CIOBE, manejado por su directora y codirigido por el doctor Puis Dreaga Fo, se especializa en el diagnóstico y tratamiento de la patología glandular y, por otro lado, en el tratamiento específico de la enfermedad del sobrepeso y la obesidad.
"Estas dos entidades son privativas de un estado de poca salud y no de un aspecto meramente estético. Si bien el Centro funciona con un equipo interdisciplinario (clínica, endocrinología, diabetología, nutrición, psicología y estética), el criterio de manejo de los pacientes se basa en una primera consulta netamente clínica, para orientar sobre el mejor diagnóstico para estos flagelos de moda que son el sobrepeso y la obesidad", explica la doctora Siman Menem.
—¿Qué diferencia hay entre sobrepeso y obesidad?
—Las nuevas escuelas indican que, para una clasificación práctica, se considera sobrepeso cuando una persona excede el peso ideal por arriba de un 10 a un 15 por ciento.
En cuanto a la obesidad, se diferencian dos grupos:
- Obesidad manifiesta, en la que el sobrepeso está en un 20 o 25 por ciento por arriba del valor ideal.
- Obesidad patológica, con un compromiso del estado general, que registra un excedente de peso por arriba del 40 por ciento (estos casos son los más graves).
Entre los servicios que ofrece el CIOBE está el de Bandeja a Domicilio, que no es otra cosa que una dieta estrictamente personalizada y confeccionada a diario, de acuerdo a gustos, necesidades y conveniencias de cada paciente o persona interesada en este servicio.
"Hoy en día el método que nosotros usamos, que no es actual, está siendo avalado por los nuevos avances de la ciencia. En los congresos internacionales coincidimos en que la población va peligrosamente hacia índices mayores de obesidad y sobrepeso. Porque se sigue insistiendo en tratamientos de dietas de moda, tipo shock, extremadamente restrictivas o decididamente milagrosas, que llevan a bajar de peso aparentemente en un corto plazo."
—¿Qué consejos prácticos daría a las personas que quieren bajar de peso?
—En primer lugar, que hagan un sinceramiento con su situación:
- Mujeres con 2 o 3 kilos de más: No necesitan someterse a ningún tratamiento. En este caso, aconsejo que se dirijan a un profesional que les enseñe a comer y con eso se resuelve el problema.
- Personas con sobrepeso que no asumen su problema (la mayoría): Buscan soluciones mágicas. Son ellas, más que nadie, quienes deben recurrir a tratamientos médicos especializados porque tienen grandes posibilidades de éxito.
- Personas con obesidad manifiesta: No busquen respuestas a corto plazo. Pretender bajar 10 kilos en un mes es una utopía, aun cuando existan tratamientos que lo consigan. Las dietas deben ser flexibles, que puedan mantenerse durante un tiempo y que no impliquen una gran carga de restricción o un sentimiento de culpa permanente.
Recomiendo buscar un profesional que pueda enseñarles a bajar de peso comiendo cinco veces al día como mínimo, una cantidad importante y variada de alimentos, con restricciones temporarias y limitadas.
Hasta que piense su futuro tratamiento, la vieja regla de oro sigue vigente:
Suprimir temporalmente las tres A (alcohol, azúcar y harinas —aunque se escriba con H—), la ayudará a bajar un par de kilos.